72 horas. Capítulo 6. El cuarto de la verdad
Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.
Jn 8, 32
Jn 8, 32
Tras dejar las pertenencias en sus respectivas habitaciones, Paola condujo a Peter y Alfredo hasta el comedor de Santa Marta, allí los dejó en la cola para el autoservicio. Entraron en el refectorio con una quequeña mochila al hombro.
—En 48 minutos les recojo, repongan fuerzas. Tomen este documento, les servirá para la gratuidad de las comidas que hagan— dijo ella mientras hacía entrega al sacerdote de un tarjetón con el membrete de la Prefectura para la Doctrina de la Fe en el que indicaba que eran invitados especiales.
Nada más llegar, la pareja fue objeto de las miradas indiscretas cardenalicias y de la Curia allí presentes. Sin haber una gran ocupación, veinticuatro bocas estaban repartidas por las mesas. En la fila, aguardaban su turno siete personas. El menú fue sobrio pero de gran calidad en la materia prima, al fin y al cabo se elaboraba con los productos ecológicos de la granja contigua a Castel Gandolfo. Aquel día tocó espaguetis a la boloñesa y boquerones fritos. El programa culinario se remataba con una suculenta pieza de fruta y un café. Como buenos franciscanos, disfrutaron de aquel regalo de sabores y nutrientes de Dios y no dejaron nada en el plato. Cumplido el tiempo, la hermana vino a por ellos.
—La pasta estaba perfecta, en su punto de cocción— dijo Chesterton a Paola.
—Y la salsa era un manjar que sabía a huerta celestial—remató el cura.
—Las hermanas de la Caridad son excelentes cocineras, hacen una gastronomía sencilla pero de un sabor excelso, incluso celestial, como dice don Alfredo—. Este último comentario lo hizo la antropóloga mirando al presbítero, buscando su complicidad.
La secretaria del Prefecto había adecuado una sala para la logística de la investigación, ésta se encontrada cerca de las habitaciones en las que se hospedarían. Presidida por un crucifijo, ubicó en el centro una mesa amplia, robusta y con tres paquetes de pos it de color amarillo sobre la misma. Alrededor de ella había dos sillas de confidente enfrentadas. Aquel espacio se completaba con dos sillones confortables para pensar y una pizarra blanca de 2 metros de ancho con tres rotuladores (rojo, negro y verde). Un termo de té de 2 litros, 6 tazas de porcelana y 7 botellines de agua estaban en una mesita auxiliar en la que también aparecía una caja de galletas danesas. Por supuesto, la habitación disponía de wifi.
—Paola está perfecta. Es fantástico como has preparado el cuarto de la verdad— celebró Peter.
—¿El cuarto de la verdad?— cuestionó su ordenado acompañante .
—Es así es como denomino yo al espacio de trabajo en el que se profundiza en la búsqueda de la verdad sobre de un asunto a investigar.
—Nada de decoración, asientos para razonar, un encerado para escribir datos, una mesa que lo soporte todo, refrigerio cartujano y ...— Peter interrumpió
—Algo dulce, como no. Sin azúcar la mente tiene dificultades para encontrar la verdad. De ahí la importancia de la repostería conventual.
—Lo que observo es que el dulce que han preparado es protestante — advirtió Alfredo observando el recipiente nórdico existente en la mesita.
—No, de ninguna manera. — Paola abrió la caja metálica y mostrando su interior dijo —son galletas de mantequilla elaboradas por las hermanas de la Caridad.
—En el fondo de todo protestante hay un católico, por eso es tan habitual su conversión — sentenció Peter, lo que provocó que los tres esbozaran una sonrisa.
—Una cosa. A esta habitación le falta luz.
—¿Luz? Preguntaron al unísono Paola y Peter mientras focalizaban su mirada en los diferentes apliques y lámparas de lugar.
—Sí, la luz que nos viene del Evangelio. Esa que nos guía en las tinieblas— el presbítero extrajo de su mochila una Biblia y la colocó de forma enérgica sobre la mesa.
—Ahora sí que está completa— sentenció Paola.
—No, todavía falta algo para completarla— dijo Chesterton.
—¿El qué? Creo que ya está todo— respondió la hermana con cara desconcertada por haber fallado en colocar el detalle que ahora echaba en falta el ex-detective.
—Un tercer sillón de pensar para usted. Este enigma lo tendremos que resolver desde una óptica trinitaria— le aclaró.
—Así lo ha querido el Señor y no se puede negar hermana— afirmó el único pastor de la sala. Ella no pudo sino sentirse alagada, aceptando la propuesta ya que estaba deseando que le llegara
Chesterton sirvió un té a su equipo y dijo —Comencemos por el informe del forense sobre la difunta. Me gustaría auditar en profundidad las 24 páginas del mismo antes de hablar con Don Marcelo. Paola ¿podríamos entrevistarnos con él mañana a primera hora?
—Lo gestiono.— respondió y salió de la habitación para volver en cinco minutos y confirmar que sería posible ver al cardenal a las ocho.
Paola comenzó con una lectura en voz alta de la autopsia en inglés. Peter se encontraba delante de la pizarra, rotulador en mano, para dibujar el mapa mental de las conclusiones del médico. Alfredo, atento, se situó delante de su tablet para anotar lo que fuera preciso, en plan Watson.
Tras tres horas de escudriñar sin piedad el documente pericial, la pizarra estaba llena de apreciaciones al 25% de su superficie, presentando las siguientes anotaciones a modo de resumen:
Muerte por golpe craneoencefálico con objeto contundente.
Muñecas enrojecidas como consecuencia de ser presionadas o incluso como punto de agarre de un fuerte y continuado zarandeo corporal.
Restos de antidepresivos tricíclicos en sangre.
—Hasta aquí todo normal, evidente e insultantemente monótono— dijo Peter y continuó.
—La muerte violenta es normal, evidente y monótona, en el fondo siempre se repite, lo cual no quita para que no exista el dolor y la tragedia por la ruptura vital que conlleva como acontecimiento. Ahora tan solo hay que buscar los sentimientos y pasiones humanas que terminaron por dibujarla y el contexto sobrenatural que las impulsó. Este último se nos suele escapar, ya que los forenses nunca lo tienen en cuenta, por eso digo que una autopsia es un informe incompleto que necesita de un análisis trascendental. Yo les haría a ellos y a los criminólogos estudiar Escatología y Demonología.
Paola, con aquella explicación recordaba las clases que recibió de Chesterton, mientras Alfredo intentaban componer el sentido escatológico de las reflexiones de su amigo, al fin y al cabo era experto en Escatología intermedia.
—Paola, ha llegado el momento de hablar con el responsable de la investigación policial—solicitó el inglés.
—Acompáñenme, vayamos a las oficinas de la Gendarmería. Allí estará el inspector general. Eso sí, antes habalaré con el abogado para que nos acompañe—
El equipo trinitario salió del cuarto de la verdad, la monja cerró la puerta del mismo con llave y doble vuelta.


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